Prensa
Material de prensa sobre el proyecto «Guitarra y Poesía»: nota de prensa, textos de presentación y fotografías en alta resolución para su difusión en medios de comunicación.
Guitarra y Poesía: cuando la palabra encuentra su música
Un nuevo proyecto discográfico une la poesía de Claudio SerraBrun con la guitarra y la creación musical de Diego Corraliza Azorín y Javier Salvador
Yecla / Castellón, 2025. — Guitarra y Poesía nace como una propuesta artística que recupera una de las relaciones más antiguas y fecundas de la cultura: el encuentro entre la palabra poética y la música.
El proyecto reúne poemas de Claudio SerraBrun con composiciones e interpretaciones de los guitarristas y compositores Diego Corraliza Azorín y Javier Salvador, incorporando también efectos sonoros que amplían el carácter sensorial de la obra. El disco fue proyectado y realizado durante 2024 y 2025 entre Yecla, Murcia, y Castellón, Valencia.
El álbum propone un recorrido de catorce piezas que alternan poemas, composiciones para guitarra y paisajes sonoros. Entre las obras poéticas figuran «Visión Total», «El beso de Gea», «La imagen», «Nostalgia a dos tierras», «La noche sola» y «El canto». En el terreno musical aparecen, entre otras, «A Different Love Song», «Hacia lo profundo del sueño», «Paisajes en la consciencia I. Sentido de unidad», «El vuelo del viento» y «La nana de la nena».
La poesía de Claudio SerraBrun, marcada por la memoria, la naturaleza, la emigración, la distancia y el diálogo entre las culturas europea y americana, encuentra en la guitarra un espacio de resonancia emocional. El proyecto convierte así el poema en una experiencia sonora, mientras que la música adquiere una dimensión narrativa y visual a través de la palabra.
Diego Corraliza Azorín aporta una trayectoria vinculada a la guitarra clásica, la composición, la improvisación y la investigación musical. Ha recibido primeros premios en concursos internacionales de composición y sus obras han sido interpretadas en espacios y festivales relevantes de la música contemporánea.
Javier Salvador, compositor, guitarrista, productor e ingeniero de sonido, aporta además una amplia experiencia en creación musical para medios audiovisuales y en grabación especializada para guitarra clásica. Algunos de sus trabajos han sido publicados por el sello Naxos.
Guitarra y Poesía se presenta, de este modo, como una obra de carácter multidisciplinar que busca recuperar la íntima relación histórica entre música y poesía desde una sensibilidad contemporánea.
Más que un disco para escuchar de fondo, Guitarra y Poesía propone detenerse, escuchar y dejar que la palabra y la música construyan juntas un mismo espacio de emoción y pensamiento.
Autores y participantes:
Claudio SerraBrun — poesía y concepto.
Diego Corraliza Azorín — guitarra, composición y obras musicales.
Javier Salvador — composición, guitarra y producción musical.
Con la colaboración de Juan Saurín en la grabación de los poemas, varias músicas y la edición de efectos sonoros.
Cuando la poesía encontró su música
De Safo y la lira griega a la ópera, el lied y las vanguardias del siglo XX
Hay una frontera entre la música y la poesía que, en realidad, nunca ha existido del todo. Antes de que el poema fuese escrito sobre una página, fue voz. Antes de que la música alcanzara la complejidad de los lenguajes instrumentales contemporáneos, estuvo vinculada al cuerpo, a la palabra, al ritmo y a la memoria.
Safo de Lesbos, entre los siglos VII y VI antes de nuestra era, pertenece a una época en la que la poesía lírica estaba íntimamente ligada a la música. La propia tradición griega denominaba lírica a una poesía vinculada al canto y al acompañamiento instrumental.
Durante la Edad Media, trovadores y juglares mantuvieron viva esta unión. El Renacimiento desarrolló el madrigal, donde el poema se convertía en materia compositiva. A finales del siglo XVI nació la ópera: con L’Orfeo (1607), Monteverdi convirtió la unión de poesía, música, canto e interpretación en una arquitectura artística de enorme fuerza.
Durante los siglos XVIII y XIX, la canción artística alemana —el Lied— desarrolló una relación extraordinariamente intensa entre poesía y música. Schubert comprendió que el piano no tenía por qué limitarse a acompañar la voz: podía contar la historia, describir el paisaje, crear tensión antes de que apareciera la palabra.
Con las vanguardias del siglo XX, la relación experimentó una transformación radical: el propio sonido de las palabras se convirtió en material musical. Surgieron la poesía sonora, el futurismo, el dadaísmo, y artistas como John Cage cuestionaron la idea misma de qué puede considerarse música.
Y entonces aparece la guitarra. Descendiente de una tradición de instrumentos de cuerda que durante siglos acompañaron la voz y la poesía, la guitarra moderna puede cantar sin palabras, acompañar, dialogar, sugerir un paisaje, crear silencio.
El disco de Claudio SerraBrun, Diego Corraliza Azorín y Javier Salvador no aparece, desde esta perspectiva, como una experiencia aislada, sino como parte de una tradición artística de larguísima duración: «Guitarra y Poesía no es solamente un encuentro entre música y literatura: es la recuperación contemporánea de una alianza artística que nació con la propia poesía.»
El significado de la obra: una suite poético-musical
El disco no ha sido concebido como una recopilación de poemas y composiciones musicales independientes, sino como una obra de conjunto, un recorrido sonoro y poético que debe ser escuchado íntegramente, y mejor todavía, en una sesión.
Su estructura responde a una concepción próxima a la de una suite: una sucesión de piezas diferentes que adquieren un significado más profundo por su relación con las demás. El oyente entra en la obra a través de «Faro Finisterre y Mar», un paisaje sonoro que situa desde el comienzo el elemento geográfico y simbólico: Finisterre como extremo de Europa y, al mismo tiempo, como horizonte hacia América.
Los poemas —Visión Total, El beso de Gea, La imagen, Nostalgia a dos tierras, La noche sola y El canto— forman parte de un mismo universo poético en el que aparecen la naturaleza, la memoria, la identidad, la distancia, la nostalgia y la búsqueda de una unidad profunda.
Las composiciones musicales de Diego Corraliza Azorín y Javier Salvador funcionan, dentro de este recorrido, como espacios de respiración y prolongación de la palabra. Así, la guitarra no se limita a acompañar la poesía: dialoga con ella y contribuye a construir el significado global de la obra.
Solo así el conjunto revela plenamente su sentido: catorce piezas, dos lenguajes artísticos y una única obra concebida como un viaje poético-musical.
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